06/07/09

La bahía de los suicidas

- Cuéntame como fue tu muerte.
- No creo que quieras saber como ocurrió, además es una historia larga y triste.
- El tiempo y las emociones aquí no existen, son conceptos que sólo utilizan los vivos.
- Está bien, tú lo has querido, yo morí de tristeza; Solo, arruinado y despreciado por los que más quería.
- Pero, ¿cómo?.
- Un día, como otro cualquiera en mi desdichada vida, decidí que no quería seguir allí, en el mundo de los vivos como dices tú, y me quite de en medio sin más.
- Perdona que insista, ¿pero cómo lo hiciste?
- Fue una mañana en la que desperté algo más conchabado con la vida, el motivo era que al ser fin de semana podría ver a mis hijos, cada quince días una juez me autorizaba a pasar un día completo con ellos, era mi única razón para vivir.
Los interrumpió una camarera ofreciéndolos unos combinados de licor y frutas con una amplia sonrisa. El mar estaba en calma y la bahía inundada de luz.
- Sigue por favor.
- Pues que no los vi ni ese fin de semana ni ningún otro, mi ex mujer me llamó justo a la hora en que debía de entregármelos para decirme que no los llevaría, que no querían ninguno de los dos verme. Yo me encontraba en el parque acordado con unos regalos bajo el brazo y no quise creerla, por lo que sin más dilación me los puso al teléfono y me confirmaron, uno tras otro, las palabras de su madre, “ Papa no te quiero volver a ver”.
- Y entonces, alargó la última silaba animándolo a que siguiera.
- Volví al piso, a el maldito piso de alquiler que compartía con un mensajero, fui a la cocina, me senté en un taburete, apoyé la cabeza en la encimera con la punta de la nariz rozando el quemador y abrí el gas, por ultimo coloqué frente a mi una fotografía de varios años atrás en la que distendidos y sonrientes aparecían mis hijos y la que entonces era mi mujer en un día feliz de playa.
- Y eso fue todo, fue el fin.
- Si, varias horas después el olor a gas alertó a los vecinos que llamaron a los bomberos y estos me encontraron en esa extraña postura y mas tieso que la mojama.
Hizo un silencio y se volvió a su compañero que descansaba en la tumbona.
- ¿Está ahora satisfecho?.
- Sí, ahora por fin, sí
Dio un sorbo largo al refresco a través de la pajita y perdió la vista sobre las aguas cristalinas.
- Me gusta saber los últimos instantes en la vida de las personas, son irrepetibles.
- Sin embargo los acontecimientos que te llevan a ello no parece que te interesen mucho.
- No, son todos similares, desamor, tristeza y soledad. Todos los que estamos aquí hemos sufrido mucho por esas causas, por una de ellas, por dos, o como es tu caso por las tres. Pero eso no nos hace diferentes, más bien al contrario, nos iguala, por eso no me interesa. Lo que sí nos hace únicos es ese último momento, por que si bien el modus operandi puede ser igual, las circunstancias de cada uno lo hacen único en cada caso.
- Y por qué crees que ocurre eso.
- Es lógico, todos los que aquí estamos decidimos en su momento poner fin a nuestra vida y eso no es algo que se haga a menudo en la trayectoria vital de una persona, solo una y eso es lo especial, lo que a mi me interesa y me entretiene, por eso cada vez que conozco a alguien en esta playa mi primera pregunta es la misma que te he hecho a ti, cuéntame como fue tu muerte.
Un joven muchacho ofrecía ostras a los grupos de personas que se encontraban dispersos por la arena, las cargaba sobre un hombro en un curioso cesto confeccionado con hojas de palmera.
- OK ahora te toca a ti.
- Debes hacer la pregunta concreta.
- Está bien, cuéntame como fue tu muerte.
Dejó el vaso en el suelo, se levantó enérgico de su confortable tumbona y avanzó hasta la orilla del mar y se introdujo en las tranquilas aguas de la bahía, tras un breve baño se volvió a acercar a su acompañante, el agua le resbalaba por toda su anatomía.
- Yo morí quemado.
Se secó la cara con una toalla y prosiguió.
- Bueno en realidad ya estaba muerto cuando el fuego me abrasó como a un leño de encina.
- Qué muerte más horrible la de morir quemado.
- Como te digo ya había fallecido. Pero empecemos por el principio yo también tengo una historia previa al suicidio.
- Te escucho con atención.
- El motivo principal fue la soledad, y no puedo reprochar a nadie este hecho, porque fui muy mala persona durante toda mi existencia y me tuve bien ganado el castigo que al final me trajo hasta aquí. Primero arruiné la vida a mis padres y a mi hermana, más tarde a mi mujer y a mi hija, fui mal amigo, mal compañero, mal vecino y como te digo me tuve bien ganado que nadie quisiera nada conmigo, los últimos años de mi vida no hable prácticamente con nadie, era un desecho social, huraño, sucio y casi siempre drogado y borracho me arrastraba por las calles del barrio en el que había nacido y del que apenas salí en mi triste existencia.
- Y que te llevó a llevar esa vida.
- No sé, yo diría que el egoísmo, siempre anteponía lo mío a lo de los demás y siempre busqué el beneficio propio, a un sabiendo que a veces éste se sustentaba en el perjuicio de los que me rodeaban. Además fui yonki en mi primera juventud y aunque salí de la heroína me pasé el resto de mi vida consumiendo sustancias de todo tipo desde las anfetaminas al hachis, pasando más tarde por la cocaína, las drogas de diseño y en fin todo lo que me pusieran por delante, además del alcohol que también fue un largo compañero de viaje.
El ostrero se acomodó sobre la fina arena con gesto amable y sosegado tomó una concha y la abrió con facilidad con un cuchillo de acero corto, después separó el molusco, le impregnó con unas gotas de lima y se lo ofreció al suicida más cercano, seguidamente repitió la misma operación para el otro, susurrando una suave melodía el muchacho continuó su tarea dejando sobre una hoja de palma los manjares que iba abriendo, los dos hombres se incorporaron de sus hamacas para acceder mejor a las ostras.
- Por lo que cuentas no se puede decir que tuvieras una vida muy agradable.
- No, de hecho fue un asco de vida por lo que imagino que no te extrañe en absoluto que quisiera poner fin a ella.
- Bien ahora viene el cómo, dijo a la vez que engullía un nuevo manjar.
- Por mi experiencia con los tóxicos no me fue difícil elegir el modo, me preparé un cóctel que no podía fallar.
- No parece una muerte muy extraordinaria, ¿Dónde está lo especial?.
- Hasta aquí nada especial, fue después de fallecer donde mi caso se volvió único.
- Estuve cinco días muerto dentro de mi vivienda y al igual que en tu caso fueron los vecinos los que alertaron por el olor que producía mi cuerpo en descomposición, en todo este tiempo nadie se preocupo por mi, nadie me hecho en falta y si no hubiera sido por la molestia que producía a mis colindantes todavía seguiría allí convertido en una momia.
- Sigo sin ver lo sorprendente.
Se limpio la boca con el dorso de la mano, bebió un sorbo de refresco y prosiguió.
- También en mi caso fueron los bomberos los que accedieron al piso y más de uno lo abandonó vomitando, a esas alturas me había convertido en una especie de sapo hinchado y el aspecto que presentaba junto al hedor que desprendía hacían la estancia en ese piso insoportable.
- ¿sapo hinchado?
- Sí, los cuerpos al descomponerse generan un gas llamado metano que si no encuentra una salida natural se acumulan en él produciendo el efecto globo o sapo.
El ostrero se había relajado un momento de su faena y escuchaba interesado.
- Se fueron los bomberos y llegaron los sanitarios que certificaron mi muerte y salieron de mi casa sin demora, tras ellos llegó el juez a levantar el cadáver y ni siquiera pasó del quicio de la puerta, por lo que en todo este trasiego de profesionales nadie siquiera me tocó. Los últimos en llegar varias horas después fueron los de la funeraria a retirar mi cadáver, eran dos chicos jóvenes que aunque acostumbrados a estas labores no por ello les resultaba sencillo el trabajo por lo que lo hicieron presurosos para acortar el tiempo que debían de pasar junto a mi.
- Sí, es un trabajo muy desagradable.
El ostrero asintió.
- Como digo el tiempo les apremiaba por lo que se anduvieron sin miramientos a la hora de cargarme dentro del saco y subirme a la camilla, fue en ese preciso momento cuando bien por una pequeña abertura que se producirá en mi ya podrido cuerpo o bien por un orificio natural, salio el gas en mí alojado y fue a toparse con una estufa que allí se hallaba y de la que nadie, de los muchos que por allí pasaron, se percato en apagar, por lo que la deflagración fue inevitable y no ocurrió una desgracia mayor por que como digo los dos operarios eran jóvenes y bajaron las escaleras de tres en tres con el pelo encendido como alma que lleva el diablo.
- ¿se quemó la vivienda?
- Completamente, y no se quemó todo el edificio por la rápida actuación de los bomberos que otra vez acudieron a el lugar al igual que los sanitarios, policías, el Juez, etc.
El muchacho, de rodillas sobre la arena, comenzó a reír en principio conteniéndose por respeto, pero al no poder contenerse estalló en una sonora carcajada a la que no tardaron en incorporarse los otros dos hombres, los demás residentes de la playa los miraban curiosos mientras la tarde comenzaba a caer sobre la bahía.