10/01/10

REFLEXIONES DESDE LA PECERA

Acabo de darme cuenta de que estoy muerto. Hasta hace un momento pensaba que estaba dormido.
También he pensado que estaba en coma, en un hospital, tras haber sufrido el infarto que tanto me vaticinaba Celeste. Pero no, estoy muerto.
Las pistas me las han dado estos circulitos de flores a los que cruza una cinta violeta y que me imagino que son las ofrendas de los que me quieren.
¡Mira! hay una que dice: De tus vecinos que no te olvidan. Joder ¡pues si que les va a costar hacerlo! Tendrán que mirarme bien para retener mi cara en su memoria, porque a la mayoría no los conozco. Menos al del 3º A, ese no creo que se olvide de mí... aunque no hemos hablado nunca si le he lanzado unas cuantas miradas asesinas cuando coincidimos en el garaje.
El muy torpe solo sabe aparcar ocupando la mitad de mi plaza. ¡Ala cabrón, la 207 es toda tuya! ¡Ya te puedes comprar un coche más grande!
Pues si que debo ser querido porque tengo muchas flores, aunque como todas sean tan sinceras como las de mis vecinos...en fin, la que más me gusta es la corona de Celeste, mi mujer: Te querré hasta la eternidad. Siempre ha sido muy romántica, además sabe elegir porque es la corona más bonita, con más colorido que ninguna.

¡Cómo es la vida! hace un momento estaba en casa comiéndome el cocidito que con tanto cariño me había preparado mi mujer y ahora aquí de cuerpo presente. De cuerpo presente ¡cómo suena! me acuerdo de mi madre al decirlo y de los velatorios de mi pueblo.
Mi hermano y yo no faltábamos a ninguno, era la única distracción de un pueblo más muerto que el propio muerto. Y cuando cuchicheábamos sobre lo feo que era el muerto o lo guapa que era su hija o lo que nos podíamos llevar de allí sin que lo echaran en falta, mi madre siempre nos decía: un respeto niños que el Tío o la Tía tal está de cuerpo presente.

Y ahora soy yo el que está de cuerpo presente, así que un respeto para mí. Alguien debería decírselo a la niña esa que está pegando su lengua al cristal de mi pecera ¡hay que joderse! y los padres a su rollo...por cierto ¿quién coño son los padres?
Me imagino que debería tener frío porque estas cosas las ponen a temperaturas bajo cero para conservar al fiambre. Pues no, no tengo ni frío ni calor. Tampoco tengo miedo, ¡joder! se supone que debería estar agobiado llorando y lamentándome porque ha llegado mi hora, pues tampoco.
Mira, se acerca mi querida Celeste. Hasta cuando llora está guapa. Menos mal que al final pudieron hacerle un hueco la semana pasada para inyectarle bótox . ¡Tendríais que ver la tersura de su piel! a pesar de lo que se gesticula cuando llora.
Mi hijo Rodolfo se acerca a consolarla. ¡Qué pena no poder oírles! seguro que Celestita le está diciendo que no sabe como va a poder vivir sin mí, cómo si la estuviera oyendo...pero no puedo, soy un alma sorda.
Espero que encuentre palabras para consolarla porque la verdad es que nunca encuentra palabras para nada. Apenas habla y lo poco que dice tampoco es que sea muy inteligente. A pesar de todo ha estudiado Derecho...aunque para lo que le va a servir. Le da vergüenza hasta pedir la sal en un restaurante, así que como para hablar en un juicio...
Menos mal que mi hermano Felipe le ha conseguido un trabajo en el concesionario en el que trabaja. Pero no de comercial, que los de la Opel no son tan tontos, sino de administrativo. Eso sí se le da bien, cuando estaba en casa se tiraba hasta las tantas en el ordenador.
Ahora ya no vive con nosotros. Bueno, seguro que conmigo ya no...Desde que trabaja se ha alquilado un pisito de esos ratoneras y todos tan contentos.

Estoy esperando impaciente entrar en el famoso túnel, pero de momento no veo nada raro.
Espero que no sea leyenda urbana porque estoy deseando ver los mejores momentos de mi vida. Antes no había videocámaras y la gente tenía que esperar al túnel para ver de nuevo su boda o el nacimiento de sus hijos.
Yo de mi boda si tengo vídeo, nos lo hizo mi hermano Felipe, siempre a la vanguardia en cuanto a tecnología se refiere. Pero me gustaría ver de nuevo a Inés, la novia que tuve antes de Celeste. Era muy buena pero es que Celeste es mucha Celeste. Si la conocierais lo entenderíais.

¿Quién se acerca junto a mi hijo? debe ser su novia.
Él no me había dicho que tuviera novia, pero yo me lo imaginaba. Hablaba más que de costumbre e incluso bromeaba conmigo.
Desde que era pequeño yo había intentado que hubiera complicidad entre los dos pero no hubo manera. No me gustaría echarle la culpa a él, pero en honor a la verdad (un muerto debe decir siempre la verdad, al fin y al cabo está el primero de la fila de dios y es más fácil que le pille en una mentira) debo decir que tengo un carácter estupendo y que me gusta tomarme la vida con humor...¿o debería decir: me gusta tomarme la muerte con humor? En fin, resumiendo, que la culpa de que no haya una relación especial padre-hijo como las de las series americanas es de él.

Pues su novia no es fea del todo. Parece apocadita como él. Tiene pinta de llamarse Gertrudis o algo así y de trabajar con un ordenador.
Aunque tengo que decir que siempre que veo a alguien con gafas me le imagino trabajando con un ordenador, no sé por qué. Y si tiene bigote pienso que es carnicero o director de banco.
Debe ser un trauma de mi infancia (así es como explican ahora todo los psicólogos ¿no?) Pues eso debe ser, aunque no recuerdo yo nada relevante en mi infancia que pudiera causarme un trauma, ni siquiera bueno (ya he dicho antes lo coñazo que era mi pueblo).

Cuando Rodolfo se fue de casa, mi mujer lo pasó fatal.
Decía que sufría el Síndrome del Nido Vacío. Su amiga Araceli también lo sufrió cuando se casó su hijo pequeño y por lo visto los síntomas coincidían...
Lo que no contaba Araceli es que un tiempo después, su hijo, arto de aguantar a la “bruja de su mujer” (palabras textuales de él, que yo no conozco a la susodicha), había regresado a casa y había vuelto a llenar el nido de su madre, de hecho lo superpobló porque se trajo consigo a los tres pollitos que habían nacido del infeliz matrimonio.


Ahí está mi hermano Felipe, tan apuesto como siempre. Se le ve afectado, al fin y al cabo soy su única familia. Ahora llega Celeste y se acerca a Felipe, él avanza un poquito a su encuentro y... ¿qué coño pasa? ¿Qué significa esa mirada? ¿?.
¡Anda! Esto de estar muerto me está trastornando. Menos mal que soy incapaz de sentir nada sino pensaría que estoy celoso.
La verdad es que no lo he sido nunca, a pesar de lo guapa que es Celeste ¡Mírala! con su vestidito nuevo. Fuimos a recogerlo el lunes al Corte Inglés. Nos costó una pasta pero Celeste necesitaba un traje por si surgía una ocasión especial y mira tú dónde ha tenido la pobre que estrenarlo.
¿Y qué me decís de sus manos? ¡Cómo las mueve! mostrando con estilo la manicura francesa que la hicieron ayer a última hora.
Es perfecta, por eso mi madre no quería que me casara con ella, decía que era demasiada mujer para mí.

Estoy intentando entrar en el túnel concentrándome en pensamientos pasados, pero no hay manera. Igual hay retenciones. Total, vivo en Madrid, no me asustan los atascos, así que uno más...
Me pregunto si habrá varios túneles. Uno para los buenos, los honrados, los guapos, los jugadores de la selección española de fútbol y las madres (excepto para la de mi amigo Enrique que le abandonó de niño y tampoco era guapa, así que no tiene nada que hacer en este túnel).
Estos llevan directamente al cielo y son como las autopistas de peaje: sin atascos y con muchos carriles.
Otros para los regulares. Circulan en dirección purgatorio y son como las nacionales, que en general van bien pero que en los puentes y los inicios de quincena de agosto se cargan un poquito.
Y los últimos serían las comarcales. Directos al infierno. Para los malos, los abogados de la parte contraria y la selección de Italia. ¡Qué se jodan! que hubieran pagado la autopista (por aquí iría la madre de Enrique, que como además no tenía carné irá en el autobús de línea, con lo que eso conlleva).
Llegan mis compañeros de la oficina:
Virginia, con la que tuve un lío y Eduardo, con el que tuve un lío. Lo de Virginia os lo cuento, lo de Eduardo no. Es un secreto que me llevaré hasta la tumba ¡je, je, je! ahora puedo confirmar que lo ha cumplido.
Virginia, es la secretaria de mi jefe. En una de las fiestas de la empresa (creo que en la de Navidad), me emborraché y nos enrollamos. Se lo conté a Celeste porque la culpa me mataba, me perdonó y se acabó el tema.
Con Eduardo, lo mismo ,fiesta (la de jubilación de mi jefe), borrachera (esta vez mayor), sentimiento de culpa (no tan grande como el de vergüenza), pequeña depresión y fin de la historia. Al final os lo he contado ¡qué poca palabra!
Llega el Señor Euribor. Así llamamos Celeste y yo al Director del banco en el que tenemos las cuentas. Por supuesto él no lo sabe, me imagino que le ofendería, pero es que cada vez que vamos nos explica su teoría sobre la inminente subida de los tipos de interés y nos tiene una hora que sí euribor por aquí que si euribor por allá.
Me imagino que todos tenemos preparado en nuestra vida un discurso sobre algo con el que nos gusta impresionar a los demás. Pues este es el del señor euribor.
Por cierto, la semana pasada formalizamos en el banco un seguro de vida.
Como este verano teníamos planeado ir a un crucero, Celeste pensó que si nos ahogábamos porque el barco se hundiera o en el alcohol de la barra libre (eso más bien yo) no estaría mal dejar al otro un aliciente para seguir viviendo. En este caso de 300.000€. No está mal ¿eh?
¡Un momento! se acerca un policía.
¿Conozco yo a algún policía? No
¿Conoce Celeste a algún policía? No, que yo sepa
¿Conoce mi hijo a algún policía? No, demasiado extravagante para él.
Entonces ¿por qué se acerca tanto a Celeste? ¿Por qué rodea sus manos con unas esposas? (¡joder!, hasta así luce la manicura). Y ahora hace lo mismo con mi hermano Felipe...
¡Qué hijos de puta!
Lo mejor es que no me duele, soy un alma sorda, un cuerpo sin vida, sin sentimientos. Me despido, el túnel se ha despejado.