10/1/10

HEURÍSTICA DEFAULT

Ése fue el descubridor; uno cualquiera, qué más da. Nadie habría podido escribir el cuento, la historia de esta pesadilla absurda, si es que hubiera quedado alguien con arte para contarlo, con capacidad o con ganas para escribir. Comenzó así en una tarde como en otra tarde cualquiera, qué más da, otro atardecer igual que los miles de millones que se sucedieron hasta entonces con la única diferencia que en éste se engendró el principio del mal, o del bien, no se sabe, en todo caso dio comienzo el concluyente final de todos los finales, el absoluto fin terminante de todo lo que hasta entonces se entendía o intuía por humanidad porque desde entonces no hubo más entendimiento e intuición.

El hombre, uno cualquiera, qué más da, pasea junto a un perro por cerros cercanos a alguna población mientras el sol declina oscureciendo el sendero, súbitamente presiente una desgracia extrema y siente un golpe de pánico, se detiene, mira a su alrededor y cede a una voluntad extraña, al empuje de un impulso ajeno que lo obliga a adentrarse en la espesura vegetal, observa con atención a cada una de las plantas que encuentra sin saber por qué hasta llegar a una planicie que parece protegida por la enmarañada muralla baja que troncos, tallos cenicientos y arbustos ennegrecidos han entretejido; con lascas de piedra rubia se cubre el suelo formando la perfecta circunferencia de roca suelta cuyo eje es ocupado por la más asombrosa planta que jamás vio ojo alguno hasta entonces. A su redor nada se levanta, ni una brizna, ni un brote de vida. Es un sagrado centro de atención universal, un pozo, un agujero, la matriz del TODO.

Los últimos rayos del sol viejo apenas doran ya la cresta de los árboles más altos y el herbaje cercano sucumbe en la oscuridad, todo se va apagando pero no la pequeña planta que no necesita la luz del astro padre-madre para mostrase, al contrario, luce más viva, con más color en la oscuridad atrayendo toda la atención al emanar su propia energía luminiscente. El hombre, ya irremediablemente perdido, sin ninguna precaución, dirige la mano derecha hacia ella sintiendo un ligero hormigueo en la palma que va convirtiéndose en calor intenso según va acercándose a las miles de microscópicas flores con pétalos de negrura intensísima que absorben toda la energía radiante que incide sobre ella. La superficie mate de sus corolas refleja tan sólo el 0,04 % de la luz visible, 100 veces menos que la pintura negra convencional emitiendo al tiempo miles de pulsos sincrónicos de color brillante en una especie de respiración o palpitación de criatura fantacientífica. El hombre es obligado a injertar la planta a su existencia y llora mientras inca su cuchillo de monte trazando una circunferencia fácilmente pues la tierra apenas ofrece más resistencia que la de un queso blando, sabe que lo que está haciendo es peligroso, puede que fatal para su salud pero aun así sigue hasta completar el círculo, después introduce inclinada la hoja del cuchillo apalancando sobre la superficie hasta que la escasa raigambre de la tecnoplanta se libera del mineral sin un solo grano de tierra entre ella, después la cubre con un pañuelo y regresa a su hogar.

No mucho tiempo después, ahí mismo, en la casa del descubridor, uno cualquiera, qué más da, un policía sube la persiana iluminando el cuarto en el que se encuentra junto a el cerrajero, los paramédicos, el vecino, no entendiendo ninguno de los presentes la realidad que observaban pero intuyendo todos algo parecido a un punto final. Imaginarse un edén en miniatura podría asemejarse a lo que contemplaban. Echado sobre el sofá aparece el cuerpo del descubridor con la apariencia de una frondosa cordillera vista desde las alturas; de todas sus partes surgen finas raíces que alargándose por el piso llegan hasta paredes, al techo, convirtiéndolos en una tupida selva. Nadie olió nada. De entre los sobrenaturales tonos verdosos y de las diferentes texturas vegetales que cubrían por completo la habitación brotaron inmediatamente ante sus ojos los renuevos de unas pequeñas plantas con microscópicas flores de corola negra, sus pétalos, a los que habría que buscar una nueva palabra para definir su negro non plus ultra absorben como un rosal la luz de sol el pensamiento de todos los presentes colonizando el interés general, las emociones, la voluntad, toda la energía radiante de los que absortos en sus pulsos sincrónicos de color brillante se vaciaban en el negro profundo disolviéndose durante horas en una contemplación hipnótica igual que cuando se mira la llama viva al amor del hogar en una noche fría. Seres humanos insustanciando sus vidas en el plácido gozo de la mera visión entregándose enteros a algo que parecía significar mucho y que no era nada más que el artificio de una realidad irreal que metamorfoseaba, la verdad, lo genuino, todas las potencias humanas en una única corriente de masificación universal.

El hombre echado sobre el sofá, el descubridor; uno cualquiera, qué más da, habló con plácida quietud absorto en la contemplación de su vacío, dijo: La naturaleza es el TODO. En su esencia, el TODO es incognoscible. Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. Nada reposa; todo se mueve; todo vibra. Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración, dejaos llevar, no vayáis contra corriente. La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de vibración en vibración. La conformidad es la sabiduría, la totalidad es la perfección. El TODO crea en su mente infinita, innumerables universos, los que existen al mismo tiempo, y así y todo, para Él, la creación, desarrollo, decadencia y muerte de un millón de universos no significa más que el tiempo que se emplea en un abrir y cerrar de ojos. Mirad la luz que no deslumbra.
El policía, fue de los primeros en tener una en su domicilio, al instante, su mujer y sus hijos tan fascinados como él cenaron en silencio por primera vez en su vida alternado la vista entre el plato y la planta y en verdad la mente infinita del TODO les pareció la matriz del Cosmos.

Así se dio principio al fin de la humanidad. Ya no quedan humanos en el errante grano cósmico que ahora, cubierto en su totalidad por una tupida raigambre neuronal interconectada, late al unísono en pulsión sostenida con la fuerza de un gran teracerebro de pensamiento único que ha convertido al planeta Tierra en la gran huerta de la Razón, paraíso de vegetoidólatras con un único Dios: la Biofísica, seres deshumanizados e interconectados que exentos de la fuerza de las pasiones forman el único y perfecto orden universal racional, la red univibracional, unipolar, donde miles de millones de seres juegan a diario en la ruleta en la que todos los números son iguales y nadie pierde, asociados en sustancia a los miles de millones de plantas negras percibiendo cada uno en su meollo el lazo que los ata a la perfecta comunión de la uniformidad, comulgantes en festines sosegados.
La acción proselitista de los botánicos primero y de los políticos después aceleró el proceso de propagación de la norma definitiva del nuevo universo mental que avanza hacia el retroceso, regresando a la pureza biológica elemental con la alquimia mental de aniquilación de la personalidad.

Cuando la última planta al fin llegó hasta el último humano los miles de millones de pacíficos paraísos comenzaron a viscosear transmutando la blandura de su sobrenatural verde al negro profundo de consistencia parecida a una costra asfáltica. La pureza se agotó en sí misma. La higiene mató a la salud. Todos los recuerdos al fin desaparecieron, no hubo más memoria, ni fe, todo se marchitó, dejaron de brotar las ilusiones, los sueños, la creación, la imaginación, el arte, murieron las pasiones, se secó la voluntad, el amor, la libertad, todo eso eran vejaciones para el alma, arrogancias del individuo. Todos los temores nacían de la incertidumbre, ahora todo está pesado y medido, se sabe todo lo que interesa saber. El planeta entero fue colonizado por la neoespecie vegetal que germinando en el entretenimiento, en la contemplación de los pulsos sincrónicos de color brillante acabó con todo lo humano en el planeta. La naturaleza es sabia, y los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.

El universo se desenvuelve como debe.

RECUERDOS DE UN HORIZONTE AJENO

Con su marcado acento porteño, Juancho me iba contando sin prisa, haciendo gala de una parla pausada y sincera que transmitía aflicción.

Su poso de tristeza no parecía de ahora, era más como una pena vieja que tal vez arrastrara de las épocas sórdidas; de los tiempos de detenciones, interrogatorios, torturas y desapariciones. Recordaba haberle oído contar que cuando consiguió huir, no sólo dejó atrás el país de los generales, había dejado también el país de su infancia, de su casa, de su primera novia, de su perro, de sus amigos y de sus compañeros de ideal. También debió dejar allá sus sueños y sus ilusiones.

El tiempo había pasado y ya se movía con soltura en la ciudad, tenía amigos y con qué ganarse la vida. Estaba adaptado. Sin embargo me confesaba que no le gustaba su trabajo. Tampoco es que lo aborreciera, no; pero ser cajero de puticlub no era precisamente un empleo edificante. En realidad eso le importaba poco, el problema eran las chicas. Detrás del rímel y debajo de los escotes, a menudo se escondían historias tristes que Juancho escuchaba con atención, sin impermeable y a cuerpo. Nunca conseguía desentenderse y siempre se terminaba involucrando. Era una especie de terapia compensatoria en una operación transitiva en la que ellas escuchaban a los clientes y él las escuchaba a ellas; paradójicamente todos sonreían. Ellos tal vez por inseguridad, ellas por oficio y Juancho por acto reflejo, pero en el fondo… todos tristes, y al final cada quien cargando con lo suyo.

Aquella tarde en la cafetería de la esquina, Juancho parecía estar relajado y sereno. Sentados en la mesita junto al ventanal pasábamos desapercibidos arropados por el murmullo de los clientes, el humo de los cigarrillos y el tintineo de las cucharillas de café. A veces Juancho incluso sonreía mientras me contaba sus recuerdos, entonces se matizaban a cada lado de los ojos, incipientes arrugas que delataban un pasado de risas y llantos gesticulados, puede que de esperanzas, seguro que de decepciones…

Me contaba de los primeros días después de su llegada y se detenía cada poco para rumiar sus evocaciones. Su mirada azul se perdía ausente a través del vidrio entre el tráfico y la gente abrigada que iba y venía por la acera mojada. Recordaba, decía, que le había recibido una ciudad fría y desconocida. Y hablaba de un viaje a la costa de levante en busca de su amigo, residente ya desde hacía algunos meses. Su único contacto. Una sola dirección, una sola esperanza y una terrible desazón con aquél “se marchó sin dejar señas”. Y me decía que allí, sentado frente aquel mar gris y ajeno; solo, más solo que nadie en el mundo, enjugaba su llanto mirando a un horizonte que ni siquiera le concedía el vano consuelo de imaginar su país allende las aguas, porque de sobra sabía que su casa estaba en dirección opuesta a aquella línea fría e insensible.

Y en la mesita de la cafetería frente a mí, su mirada ausente cada vez menos azul y cada vez más roja amenazaba aguas, y otra calada al cigarrillo y otro sorbo de café para mal disimular la congoja, y una lágrima furtiva rostro abajo, y mi mano solidaria en su antebrazo, y mi mirada tan perdida como la suya a través del ventanal entre el tráfico y la gente que iba y venía abrigada por la acera mojada. Y dos hombres emocionados, arropados por el murmullo de los clientes, el humo de los cigarrillos y el tintineo de las cucharillas de café. Él emocionado por sus recuerdos, yo por los suyos y ya por los míos. Él por sus ausencias, yo por las de los dos.
Y así, sin pretenderlo pero sin poderlo evitar fuimos destapando la caja de los desconsuelos dando rienda suelta a la emoción y a la pena que, pase lo que pase, siempre arrastramos los emigrantes.

Directriz para HEURÍSTICA DEFAULT y RECUERDOS DE UN HORIZONTE AJENO

Raices

REFLEXIONES DESDE LA PECERA

Acabo de darme cuenta de que estoy muerto. Hasta hace un momento pensaba que estaba dormido.
También he pensado que estaba en coma, en un hospital, tras haber sufrido el infarto que tanto me vaticinaba Celeste. Pero no, estoy muerto.
Las pistas me las han dado estos circulitos de flores a los que cruza una cinta violeta y que me imagino que son las ofrendas de los que me quieren.
¡Mira! hay una que dice: De tus vecinos que no te olvidan. Joder ¡pues si que les va a costar hacerlo! Tendrán que mirarme bien para retener mi cara en su memoria, porque a la mayoría no los conozco. Menos al del 3º A, ese no creo que se olvide de mí... aunque no hemos hablado nunca si le he lanzado unas cuantas miradas asesinas cuando coincidimos en el garaje.
El muy torpe solo sabe aparcar ocupando la mitad de mi plaza. ¡Ala cabrón, la 207 es toda tuya! ¡Ya te puedes comprar un coche más grande!
Pues si que debo ser querido porque tengo muchas flores, aunque como todas sean tan sinceras como las de mis vecinos...en fin, la que más me gusta es la corona de Celeste, mi mujer: Te querré hasta la eternidad. Siempre ha sido muy romántica, además sabe elegir porque es la corona más bonita, con más colorido que ninguna.

¡Cómo es la vida! hace un momento estaba en casa comiéndome el cocidito que con tanto cariño me había preparado mi mujer y ahora aquí de cuerpo presente. De cuerpo presente ¡cómo suena! me acuerdo de mi madre al decirlo y de los velatorios de mi pueblo.
Mi hermano y yo no faltábamos a ninguno, era la única distracción de un pueblo más muerto que el propio muerto. Y cuando cuchicheábamos sobre lo feo que era el muerto o lo guapa que era su hija o lo que nos podíamos llevar de allí sin que lo echaran en falta, mi madre siempre nos decía: un respeto niños que el Tío o la Tía tal está de cuerpo presente.

Y ahora soy yo el que está de cuerpo presente, así que un respeto para mí. Alguien debería decírselo a la niña esa que está pegando su lengua al cristal de mi pecera ¡hay que joderse! y los padres a su rollo...por cierto ¿quién coño son los padres?
Me imagino que debería tener frío porque estas cosas las ponen a temperaturas bajo cero para conservar al fiambre. Pues no, no tengo ni frío ni calor. Tampoco tengo miedo, ¡joder! se supone que debería estar agobiado llorando y lamentándome porque ha llegado mi hora, pues tampoco.
Mira, se acerca mi querida Celeste. Hasta cuando llora está guapa. Menos mal que al final pudieron hacerle un hueco la semana pasada para inyectarle bótox . ¡Tendríais que ver la tersura de su piel! a pesar de lo que se gesticula cuando llora.
Mi hijo Rodolfo se acerca a consolarla. ¡Qué pena no poder oírles! seguro que Celestita le está diciendo que no sabe como va a poder vivir sin mí, cómo si la estuviera oyendo...pero no puedo, soy un alma sorda.
Espero que encuentre palabras para consolarla porque la verdad es que nunca encuentra palabras para nada. Apenas habla y lo poco que dice tampoco es que sea muy inteligente. A pesar de todo ha estudiado Derecho...aunque para lo que le va a servir. Le da vergüenza hasta pedir la sal en un restaurante, así que como para hablar en un juicio...
Menos mal que mi hermano Felipe le ha conseguido un trabajo en el concesionario en el que trabaja. Pero no de comercial, que los de la Opel no son tan tontos, sino de administrativo. Eso sí se le da bien, cuando estaba en casa se tiraba hasta las tantas en el ordenador.
Ahora ya no vive con nosotros. Bueno, seguro que conmigo ya no...Desde que trabaja se ha alquilado un pisito de esos ratoneras y todos tan contentos.

Estoy esperando impaciente entrar en el famoso túnel, pero de momento no veo nada raro.
Espero que no sea leyenda urbana porque estoy deseando ver los mejores momentos de mi vida. Antes no había videocámaras y la gente tenía que esperar al túnel para ver de nuevo su boda o el nacimiento de sus hijos.
Yo de mi boda si tengo vídeo, nos lo hizo mi hermano Felipe, siempre a la vanguardia en cuanto a tecnología se refiere. Pero me gustaría ver de nuevo a Inés, la novia que tuve antes de Celeste. Era muy buena pero es que Celeste es mucha Celeste. Si la conocierais lo entenderíais.

¿Quién se acerca junto a mi hijo? debe ser su novia.
Él no me había dicho que tuviera novia, pero yo me lo imaginaba. Hablaba más que de costumbre e incluso bromeaba conmigo.
Desde que era pequeño yo había intentado que hubiera complicidad entre los dos pero no hubo manera. No me gustaría echarle la culpa a él, pero en honor a la verdad (un muerto debe decir siempre la verdad, al fin y al cabo está el primero de la fila de dios y es más fácil que le pille en una mentira) debo decir que tengo un carácter estupendo y que me gusta tomarme la vida con humor...¿o debería decir: me gusta tomarme la muerte con humor? En fin, resumiendo, que la culpa de que no haya una relación especial padre-hijo como las de las series americanas es de él.

Pues su novia no es fea del todo. Parece apocadita como él. Tiene pinta de llamarse Gertrudis o algo así y de trabajar con un ordenador.
Aunque tengo que decir que siempre que veo a alguien con gafas me le imagino trabajando con un ordenador, no sé por qué. Y si tiene bigote pienso que es carnicero o director de banco.
Debe ser un trauma de mi infancia (así es como explican ahora todo los psicólogos ¿no?) Pues eso debe ser, aunque no recuerdo yo nada relevante en mi infancia que pudiera causarme un trauma, ni siquiera bueno (ya he dicho antes lo coñazo que era mi pueblo).

Cuando Rodolfo se fue de casa, mi mujer lo pasó fatal.
Decía que sufría el Síndrome del Nido Vacío. Su amiga Araceli también lo sufrió cuando se casó su hijo pequeño y por lo visto los síntomas coincidían...
Lo que no contaba Araceli es que un tiempo después, su hijo, arto de aguantar a la “bruja de su mujer” (palabras textuales de él, que yo no conozco a la susodicha), había regresado a casa y había vuelto a llenar el nido de su madre, de hecho lo superpobló porque se trajo consigo a los tres pollitos que habían nacido del infeliz matrimonio.


Ahí está mi hermano Felipe, tan apuesto como siempre. Se le ve afectado, al fin y al cabo soy su única familia. Ahora llega Celeste y se acerca a Felipe, él avanza un poquito a su encuentro y... ¿qué coño pasa? ¿Qué significa esa mirada? ¿?.
¡Anda! Esto de estar muerto me está trastornando. Menos mal que soy incapaz de sentir nada sino pensaría que estoy celoso.
La verdad es que no lo he sido nunca, a pesar de lo guapa que es Celeste ¡Mírala! con su vestidito nuevo. Fuimos a recogerlo el lunes al Corte Inglés. Nos costó una pasta pero Celeste necesitaba un traje por si surgía una ocasión especial y mira tú dónde ha tenido la pobre que estrenarlo.
¿Y qué me decís de sus manos? ¡Cómo las mueve! mostrando con estilo la manicura francesa que la hicieron ayer a última hora.
Es perfecta, por eso mi madre no quería que me casara con ella, decía que era demasiada mujer para mí.

Estoy intentando entrar en el túnel concentrándome en pensamientos pasados, pero no hay manera. Igual hay retenciones. Total, vivo en Madrid, no me asustan los atascos, así que uno más...
Me pregunto si habrá varios túneles. Uno para los buenos, los honrados, los guapos, los jugadores de la selección española de fútbol y las madres (excepto para la de mi amigo Enrique que le abandonó de niño y tampoco era guapa, así que no tiene nada que hacer en este túnel).
Estos llevan directamente al cielo y son como las autopistas de peaje: sin atascos y con muchos carriles.
Otros para los regulares. Circulan en dirección purgatorio y son como las nacionales, que en general van bien pero que en los puentes y los inicios de quincena de agosto se cargan un poquito.
Y los últimos serían las comarcales. Directos al infierno. Para los malos, los abogados de la parte contraria y la selección de Italia. ¡Qué se jodan! que hubieran pagado la autopista (por aquí iría la madre de Enrique, que como además no tenía carné irá en el autobús de línea, con lo que eso conlleva).
Llegan mis compañeros de la oficina:
Virginia, con la que tuve un lío y Eduardo, con el que tuve un lío. Lo de Virginia os lo cuento, lo de Eduardo no. Es un secreto que me llevaré hasta la tumba ¡je, je, je! ahora puedo confirmar que lo ha cumplido.
Virginia, es la secretaria de mi jefe. En una de las fiestas de la empresa (creo que en la de Navidad), me emborraché y nos enrollamos. Se lo conté a Celeste porque la culpa me mataba, me perdonó y se acabó el tema.
Con Eduardo, lo mismo ,fiesta (la de jubilación de mi jefe), borrachera (esta vez mayor), sentimiento de culpa (no tan grande como el de vergüenza), pequeña depresión y fin de la historia. Al final os lo he contado ¡qué poca palabra!
Llega el Señor Euribor. Así llamamos Celeste y yo al Director del banco en el que tenemos las cuentas. Por supuesto él no lo sabe, me imagino que le ofendería, pero es que cada vez que vamos nos explica su teoría sobre la inminente subida de los tipos de interés y nos tiene una hora que sí euribor por aquí que si euribor por allá.
Me imagino que todos tenemos preparado en nuestra vida un discurso sobre algo con el que nos gusta impresionar a los demás. Pues este es el del señor euribor.
Por cierto, la semana pasada formalizamos en el banco un seguro de vida.
Como este verano teníamos planeado ir a un crucero, Celeste pensó que si nos ahogábamos porque el barco se hundiera o en el alcohol de la barra libre (eso más bien yo) no estaría mal dejar al otro un aliciente para seguir viviendo. En este caso de 300.000€. No está mal ¿eh?
¡Un momento! se acerca un policía.
¿Conozco yo a algún policía? No
¿Conoce Celeste a algún policía? No, que yo sepa
¿Conoce mi hijo a algún policía? No, demasiado extravagante para él.
Entonces ¿por qué se acerca tanto a Celeste? ¿Por qué rodea sus manos con unas esposas? (¡joder!, hasta así luce la manicura). Y ahora hace lo mismo con mi hermano Felipe...
¡Qué hijos de puta!
Lo mejor es que no me duele, soy un alma sorda, un cuerpo sin vida, sin sentimientos. Me despido, el túnel se ha despejado.

Directriz para REFLEXIONES DESDE LA PECERA

Funeral